Análisis a fondo por Horus
Ciudad de México, 26 de octubre de 2025 – En un escenario que parece sacado de un guion distópico, un nuevo sondeo de la firma consultora Demoscopía revela que, de celebrarse hoy las elecciones para gobernador en los 17 estados con comicios en 2027, Morena no solo ganaría, sino que arrasaría con 15 de ellos. Solo dos entidades caerían en manos del PAN, en un mapa electoral que pinta a México como un feudo casi inexpugnable para la Cuarta Transformación. Esta proyección, divulgada este mes, no es solo un termómetro de popularidad: es una llamada de atención estridente para el “relanzamiento” del PAN y el resto de la oposición, que parecen atrapados en un eterno déjà vu de derrotas anunciadas. Más allá de los números, surge la pregunta crítica: ¿está México al borde de un deslizamiento “libre” hacia el comunismo, disfrazado de transformación social?
La infografía de Demoscopía, titulada “Elecciones 2027”, dibuja un panorama desolador para la alternancia política. Estados clave como Baja California, Sonora, Chihuahua, Zacatecas, Nuevo León, San Luis Potosí, Quintana Roo, Aguascalientes, Querétaro, Sinaloa, Nayarit, Colima, Michoacán, Guerrero y Campeche se teñirían de rojo morenista, consolidando un dominio que ya roza las tres cuartas partes del territorio en disputa. Solo Durango y Veracruz –según la interpretación del mapa– resistirían bajo el azul del PAN, un partido que, pese a sus intentos de “relanzamiento” con figuras como Jorge Romero Herrera, Maru Campos, y el propio excandidato panista y ahora senador Ricardo Anaya, no logra revertir la marea. “Si hoy fueran las elecciones para elegir gobernador(a), Morena arrasaría”, reza el lema del gráfico, un eco de la retórica triunfalista que ha marcado el ascenso de Andrés Manuel López Obrador y su sucesora, Claudia Sheinbaum.
Este avance de Morena no es un fenómeno aislado. Desde su fundación en 2014, el partido ha capitalizado el descontento social con las élites tradicionales, prometiendo una “esperanza de México” a través de programas asistencialistas mediante un gobierno paternalista 100 %, como la Pensión para Adultos Mayores o Sembrando Vida. Hoy, con un 60% de aprobación para Sheinbaum según encuestas paralelas, Morena no solo retiene su base en el sur y centro del país, sino que perfora bastiones opositores como Nuevo León –tradicionalmente panista– y Baja California Sur, donde la corrupción y la inseguridad han erosionado la confianza en la alternancia. Demoscopía, una firma con trayectoria en análisis electorales, basa su proyección en datos de octubre de 2025, recolectados en un contexto de recuperación económica post-pandemia y tensiones con Estados Unidos por migración y comercio.
Pero el verdadero drama tras los números es el riesgo ideológico que acecha. Críticos como el analista político Federico Berrueto señalan que el “avance imparable” de Morena no es solo electoral: es un vector para políticas que flirtean peligrosamente con el comunismo clásico, aunque envueltas en un populismo tropical. La centralización del poder en el Ejecutivo, la retórica antiempresarial –recordemos las expropiaciones en el sector energético– y la cooptación de instituciones como el INE o la Suprema Corte evocan los manuales de control estatal al estilo venezolano o cubano. ¿Libremente hacia el comunismo? Sí, porque la sociedad mexicana, hastiada de escándalos como Odebrecht o la “Estafa Maestra”, ha abrazado esta deriva sin mayor resistencia, permitiendo que Morena consolide un monopolio que asfixia la pluralidad.
El PAN, que aspira a un “relanzamiento” con alianzas como Va por México, recibe aquí un balde de agua fría. Su magro botín de dos estados –posiblemente Durango y Veracruz– refleja no solo la fragmentación interna, sino la incapacidad de ofrecer una alternativa convincente. ¿Dónde está el proyecto de un México liberal, pro-mercado y democrático que prometió el foxismo en 2000? Líderes panistas como Gustavo Madero han llamado a “refundar” el partido, pero sin una narrativa que contrarreste el clientelismo morenista, estos esfuerzos parecen cosméticos.
En el PRI, reducido a un eco fantasmal, y al frente Alito Moreno que se perpetúa en la dirigencia que pierde el apoyo de las bases y de los priistas de antaño.
Movimiento Ciudadano, con su tibieza centrista, completan un panorama opositor en coma inducido. Si no despiertan, 2027 no será una elección, sino una coronación.
La oposición necesita más que spots publicitarios: urge una autocrítica profunda y una agenda que aborde la inseguridad –con más de 30 mil homicidios anuales–, la desigualdad persistente y la erosión democrática. De lo contrario, el dominio de Morena podría mutar de “transformación” a autoritarismo, allanando el camino a un comunismo light donde el Estado lo controla todo “por el bien del pueblo”. Demoscopía nos advierte: el reloj electoral corre, y México no puede permitirse otro capítulo de sumisión voluntaria. ¿Escuchará la campana?